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Silvia tiene esas sonrisas amplias y creíbles. Ya no usa maquillaje. “Pensar que antes no había forma que saliera de casa sin pintarme. Era parte de la rutina. Como usar tacos”, recuerda, y vuelve a reír de esa otra que fue, a quien ya casi no reconoce pero que la llevó hasta este presente donde apuesta a vivir sin máscaras. En su casa recibió a Mundo Eco para compartir su militancia por un consumo de alimentos saludables, lejos de los supermercados.

Oriunda de capital, hace años, Silvia Chellou se trasladó a la zona de Maschwitz a vivir con su familia. Su compañero Álvaro, su hijo Tobías (10) y un pequeño sol, de casi dos años de edad, a quien reciben como hogar de tránsito. Cuando aún vivía en la ciudad trabajaba de instrumentadora quirúrgica en reconocidas instituciones médicas. “Ya no me gustaba más mi trabajo. El negocio de la salud no cierra por ningun lado.”, confiesa y cuenta cómo se reinventó. Un encuentro en 2013, de vacaciones en San Marcos, le cambió la vida. “Una mujer me preguntó qué quería hacer, cuál era mi sueño. Construir juguetes didácticos, le dije. Y entonces por qué no lo haces? Porque necesito primero comprar herramientas, conseguir un local, ensaye como respuesta. Ella me miró y me dijo, cumplí tu sueño, armalos y después ves donde los vendés”. Un concepto a contramano de todo lo que aconsejan los libros de economía pero de una biblioteca que a Silvia siempre le hizo ruido ya desde sus tiempos de estudiante universitaria donde participó de una experiencia de venta de productos del Movimiento Nacional Campesino.

Con los productos fabricados con sus manos, Silvia empezó en el patio de su casa a practicar el trueque. “Primero con amigos. En un momento ya no nos alcanzaba el lugar porque se empezó a acercar más gente. Salimos a la vereda y después a la calle. Ahí decidimos armar una Feria”. Hoy Silvia junto a un grupo estable de nueve personas tienen un evento mensual de intercambio. Además maneja su almacén ambulante, levanta pedidos y arma las entregas. “Me interesó sobremanera en la identidad y calidad de los productos que ofrezco. Cada vez con mayor cuidado en que los alimentos sean agroecológicos y que para su fabricación se cuide el ambiente. El resultado es que además de multiplicar la idea del consumo directo y responsable, en mi casa nos autoabastecemos de comida casi completamente”.

Cuando habla de su elección de vida actual se le vuelve a iluminar la cara. Muestra con orgullo una matera, toda reciclada y una riñonera “Está hecha con corbatas y sachets de leches”. También alcanza unos cuadernos. “Me costó encontrar tamaño oficio, entonces busqué quién me los hiciera a pedido”. Ese es el secreto de Silvia para consumir fuera de los mercados formales. “Cuándo no encuentro lo que necesito me fijo quién puede hacerlo”. Esa búsqueda la llevó a no pisar nunca más un supermercado. “Hace tres años que ya no entro a uno”, asegura. “Hasta ahora encuentro todo. Menos papel higiénico, esponjas, trapos de piso y papas”. Y aclara el motivo, “Los grandes supermercados son como los cines de cadena o los shoppings. Aniquilaron las prácticas locales, los comercios de barrio. Las cadenas desplazaron los tradicionales almacenes. Los almaceneros de barrio venden aquello que sus vecinos y vecinas van pidiendo. Acomodan sus productos a las necesidades del que compra mientras en los supermercados sos vos el que tiene que adaptarse. Es lo que yo llamo una compra de no incidencia. Una compra que solo sirve para aumentar la facturación de una empresa. A mi no me convence ese modelo de invitación al consumo por el consumo mismo. La gente se endeuda para llenar un carro con cosas que no necesita. Una concepción totalmente antiecológica. Y a eso agregale que los productos en los supermercados tienen más envases que terminarán en la basura”.

Silvia habla de compromiso y asegura que las redes de comercio justo y agroecológico son cada vez más grandes. “Es posible y debemos comprometernos a otra forma de consumir. Hay que implicarse de otra forma. Dejar el anonimato. Buscar otro modelo de comercio. Donde sepas quien es el que te vende. Un espacio de encuentro, de lazos entre productores y consumidores con un cuidado profundo de nuestro ambiente”.

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